Resumen ejecutivo
- El discurso de Lula en el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe (Panamá, 2026) expresa la doctrina geopolítica brasileña y se lee mejor junto a la Política de Defensa Nacional (PND) 2025 de Brasil.
- Lula atribuye el fracaso de la integración a la ideologización y propone un regionalismo pragmático basado en activos concretos, como energía, alimentos, minerales críticos, biodiversidad y un mercado de 660 millones de personas.
- La propuesta busca autonomía estratégica colectiva frente a la redefinición de América Latina como esfera de influencia estadounidense y a la securitización de sus minerales críticos.
- Su viabilidad depende de que los Estados de la región coordinen sus intereses nacionales. Para Chile abre un espacio de coordinación con Brasil que permite diversificar socios y negociar desde un bloque, sin alineamientos automáticos.
El discurso de Luiz Inácio Lula da Silva en el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe (Panamá, 2026) expresa la doctrina geopolítica brasileña contemporánea. Contiene un diagnóstico de la fragmentación regional, una visión del lugar de la región en el mundo y un programa de «integración pragmática». Leído junto a la Política de Defensa Nacional (PND) 2025 de Brasil, que postula un «realismo defensivo y autónomo», el discurso aparece como la dimensión económica, diplomática y social de esa estrategia, orientada a construir una autonomía estratégica colectiva para América Latina y el Caribe.
Lula parte de tres restricciones, que son la ruptura del orden liberal global y el auge del proteccionismo, el peso de las identidades nacionales como factor de fragmentación y la proximidad de Estados Unidos como potencia hegemónica. Sobre esa base propone dejar atrás el panamericanismo y el bolivarianismo y construir un regionalismo que movilice «activos regionales» tangibles en torno a intereses prácticos.

I. Diagnóstico de un fracaso regional
Lula describe la integración latinoamericana como un ciclo de «retroceso» y de «rituales vacíos». Atribuye el colapso de la UNASUR (2003-2014) al «peso de la intolerancia», que impidió la coexistencia de visiones distintas, y reconoce así que la polarización ideológica paralizó el principal esquema de integración sudamericano de esos años. Describe hoy a la CELAC como un organismo «paralizado», incapaz de emitir una declaración común contra intervenciones militares extranjeras.
Enumera también fracasos concretos de coordinación, como la respuesta dispersa a la pandemia de COVID-19, la lentitud frente al crimen organizado transnacional y la falta de una acción colectiva «robusta» ante el cambio climático. A su juicio, la región se volvió «más orientada hacia el exterior que hacia sí misma», lo que dejó espacio a «las ideologías extranjeras» y a «las amenazas del extremismo político». El resultado es un déficit de agencia regional y una mayor vulnerabilidad a divisiones inducidas desde fuera.
II. Realismo y autonomía relativa
Frente a ese diagnóstico, Lula descarta los modelos teóricos puros y fija tres referencias. Toma a la Unión Europea como «referencia positiva», aunque advierte que las diferencias históricas, económicas y culturales y «el peso de las identidades nacionales» impiden replicarla a corto plazo. Trata a Estados Unidos como «referencia ineludible», porque la proximidad con «la mayor potencia militar del mundo» condiciona a la región por «su presencia o por su distanciamiento», más aún ante el «resurgimiento de tentaciones hegemónicas». La PND 2025 busca, en la misma línea, una relación madura y no subordinada con Washington.
La tercera referencia es la condena de la «división del mundo en zonas de influencia» y de las «incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos», que califica de «gestos anacrónicos y retrocesos históricos». Las tres referencias componen una estrategia de autonomía relativa, o autonomía mediante la diversificación, en la que la integración regional multiplica la capacidad de negociar con los grandes polos de poder.
III. Los activos y la agenda del regionalismo pragmático
El núcleo propositivo del discurso es movilizar las «cartas de triunfo sin explotar» de la región para una integración con agenda concreta, fundada en intereses compartidos más que en afinidades ideológicas. Lula enumera reservas de petróleo y gas, hidroelectricidad, biocombustibles y potencial eólico y solar; condiciones de suelo, clima y tecnología para producir alimentos; la mayor selva tropical, más de un tercio del agua dulce mundial y una gran biodiversidad; minerales críticos y tierras raras para la transición digital y energética; la ausencia de conflictos religiosos o culturales graves, y un mercado de más de 660 millones de consumidores.
Sobre esos activos propone una hoja de ruta que Brasil encabeza. La integración física «sin ideología» prioriza carreteras, ferrocarriles, puertos y fibra óptica para duplicar el comercio intrarregional, y en ese marco defiende la neutralidad del Canal de Panamá como bien público regional. En el plano comercial celebra los acuerdos Mercosur-UE y Mercosur-EFTA y anuncia negociaciones con India, México, Canadá, Emiratos Árabes Unidos, Japón, Vietnam, Panamá, República Dominicana y El Salvador, para diversificar socios y «dejar de exportar materia prima a granel y comprar el producto transformado al peso de oro».
Para financiar la agenda llama a movilizar a la CAF, FONPLATA, el BID y el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, con el BNDES como socio. Propone además sistemas de pago digitales como el Pix brasileño y redes de cooperación universitaria. Completa el programa con una agenda social que liga la estabilidad al combate de la desigualdad, el hambre y la violencia, en especial los feminicidios, porque «la concentración de la riqueza genera pobreza, hambre y violencia».
IV. Brasil como líder facilitador
Lula presenta el caso brasileño como prueba de concepto del proyecto regional, y a Brasil como un líder que facilita y da el ejemplo, cuidando de no aparecer como hegemón. Atribuye el crecimiento sobre el promedio mundial, el control de la inflación y los récords de empleo y exportaciones a un «nuevo modelo de desarrollo con inclusión y sostenibilidad». El relato de haber erradicado el hambre en 2014 y de repetir el logro entre 2023 y 2025 sostiene su idea de que la prosperidad interna da credibilidad internacional.
Sitúa además a Brasil como motor de los acuerdos comerciales y de la infraestructura sudamericana, con el Programa Rutas de la Integración, y adopta una retórica de cooperación horizontal. Su doctrina de seguridad cabe en una frase, «la única guerra que debemos librar en esta parte del mundo es contra el hambre y la desigualdad», librada con «inversiones, transferencia tecnológica y comercio justo». La seguridad regional queda así ligada al desarrollo humano.
V. La voluntad política
El cierre del discurso es una apelación moral e histórica. Lula invita a reflexionar sobre 525 años de colonización, independencia y «recolonización» cultural, y sostiene que ningún país de la región resolverá solo sus problemas. Propone un bloque económico con voluntad política para fijar objetivos comunes tangibles, como acabar con el hambre en cada país, y recuerda a los líderes que fueron elegidos para «gobernar, mejorar la vida de la gente».
VI. Conclusión
El discurso responde a un contexto de tensión hemisférica marcado por dos hechos. Estados Unidos redefinió explícitamente a América Latina como su esfera de influencia directa y asoció las cadenas de suministro de minerales críticos y energía a su seguridad nacional, con lo que los recursos de la región pasan a ser objetivos de seguridad de una potencia externa.
En ese escenario, el regionalismo pragmático reúne elementos de una doctrina de supervivencia estratégica para el orden internacional en transición. Su realismo consiste en reconocer que la confrontación ideológica del bolivarianismo conduce al aislamiento y a la presión extrema, y que la alineación automática del panamericanismo clásico conduce a la subordinación. Lula busca márgenes de autonomía mediante un bloque económico funcional que diversifique socios, agregue valor a sus minerales críticos, su energía y sus alimentos, y sea socialmente más cohesionado y por tanto menos permeable a las operaciones de influencia.
El pragmatismo de Lula puede leerse como una doctrina de autonomía defensiva y de construcción de poder estructural basada en intereses nacionales. Su éxito dependerá de que Brasil y sus vecinos coordinen un comportamiento colectivo predecible, capaz de negociar con Washington y con otros actores desde una posición cohesionada. Si esa coordinación falla, la realpolitik de cada Estado fragmentará la respuesta y la región volverá a ser una periferia administrada por actores externos.
Para Chile, la propuesta abre un espacio de coordinación con Brasil que permite diversificar socios y negociar desde un bloque sin alineamientos automáticos, en la línea del diálogo político-estratégico con Brasil que este centro ha propuesto para la América Austral.


